
El conductismo es una de las teorías del aprendizaje que se
ha mantenido durante más años y de mayor tradición. Aunque no encaja totalmente
en los nuevos paradigmas educativos por concebir el aprendizaje como algo
mecánico, deshumano y reduccionista, la realidad es que muchos programas
actuales se basan en las propuestas conductistas como la descomposición de la
información en unidades, el diseño de actividades que requieren una respuesta y
la planificación del refuerzo.
Cuando se evalúa en el marco
del enfoque conductista se parte del supuesto de que todos los alumnos son
iguales, por lo tanto, todos reciben la misma información. Se evalúan
generalmente de la misma manera, con los mismos instrumentos y pautas
establecidas para calificarlos.
La evaluación se centra en el
producto, es decir, en las ejecuciones mecánicas de las acciones repetitivas
sin dar cabida a la reflexión sobre la conducta ejecutada, las cuales deben ser
medibles y cuantificables y el criterio de comparación a utilizar para su
valoración son los objetivos establecidos.
La evaluación tiene como
propósito recoger los resultados finales del proceso y valorar la eficacia del
mismo en función de los porcentajes de obtención de los objetivos prefijados.
La evaluación centrada en el
logro de los objetivos ha hecho del examen (oral o escrito) la herramienta por
excelencia para medir la cuantía de aprendizajes (conocimientos) que el alumno
demostrará como evidencia de su rendimiento o capacitación.
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Cuando la evaluación es
constructivista el alumno participa de las decisiones en el proceso de enseñanza-aprendizaje,
comprometiéndose con su aprendizaje, autoevaluándose y evaluando a sus
compañeros y al proceso. El docente facilita el aprendizaje del alumno,
promoviendo su participación y contribuyendo a su desarrollo integral,
planteándole la evaluación como una actividad continua, integral y
retroalimentadora.
COGNITIVISMO
Con la aparición del
cognitivismo, la evaluación sufre algunos cambios importantes respecto al modelo
conductista, aunque su función principal se mantiene: la evaluación formativa
asegura la articulación entre las características de los alumnos y las
características del sistema de formación.
No obstante, a continuación
se destacan algunos de los cambios más significativos:
El interés se centra en los
procesos de aprendizaje, no en los resultados obtenidos, ya que lo que se
pretende es comprender el funcionamiento mental del alumno ante la tarea a
través del conocimiento de sus representaciones y de las estrategias que
utiliza.
Los datos recogidos son
cualitativos: se utilizan cuestionarios, observación del comportamiento,
observación de sus reflexiones y de las interacciones…
Se da mayor importancia a
las estrategias que utiliza el alumno para alcanzar un objetivo, que no al
grado en que éste se alcanza. Haz clic para ver más


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